En la madrugada de este sábado, una serie de explosiones retumbó en Caracas y otras regiones de Venezuela marcando el inicio de una operación militar encabezada por fuerzas de Estados Unidos que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, a quienes aseguró haber sacado del país.
El propio Trump anunció en redes sociales que «los Estados Unidos de América han llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder» y confirmó que ambos serán procesados en tribunales norteamericanos por cargos que datan de años atrás.
La ofensiva, sin precedentes en la región desde la invasión de Panamá en 1989, incluyó ataques sobre instalaciones militares en Caracas, la base de Fuerte Tiuna y la antigua base aérea de La Carlota, provocando un paisaje de fuego y columnas de humo sobre la capital venezolana.
Washington ha sido claro en que la operación fue planificada en conjunto con agencias de inteligencia y fuerzas especiales, y ha señalado que no hubo bajas estadounidenses, aunque reportes señalan que miembros de las fuerzas aliadas sufrieron heridas menores.
La Casa Blanca y Trump no solo celebraron la captura de Maduro, quien enfrentaba un historial de acusaciones de narcotráfico y corrupción, sino que anunciaron que Estados Unidos «manejará Venezuela» temporalmente para asegurar una «transición segura y ordenada».
Trump, desde su club en Mar-a-Lago, declaró que la acción era necesaria para detener el tráfico de drogas, recuperar recursos petroleros y garantizar estabilidad en una nación que ha atravesado años de crisis económica y política.
El propio Trump, en sus primeras palabras tras el operativo, llegó a comparar las acciones con un «espectáculo» por la rapidez con que se desarrolló la captura y remarcó que el control de Venezuela —especialmente de su industria petrolera— será «muy influyente» para Estados Unidos en los próximos años.
Dijo además que no teme desplegar tropas en territorio venezolano si la situación lo requiere y que buscará implicar activamente a empresas estadounidenses en la reconstrucción del país.
La respuesta del gobierno venezolano ha sido de condena y desafío. Altos funcionarios han calificado el ataque como una «grave agresión militar» y una violación flagrante de la soberanía nacional y de la Carta de las Naciones Unidas, y han exigido pruebas de vida de Maduro y su esposa.
En transmisiones oficiales, líderes en Caracas llamaron a la movilización nacional contra lo que definieron como una tentativa de imposición extranjera.
La comunidad internacional se encuentra profundamente dividida: líderes de varios países latinoamericanos y europeos han expresado inquietud por la intervención directa de Estados Unidos en un estado soberano, mientras que algunos sectores respaldan la captura de Maduro como una oportunidad para poner fin a años de crisis humanitaria en Venezuela.
Las reacciones van desde llamados a la diplomacia hasta advertencias sobre las consecuencias que pueda acarrear para la estabilidad regional.
La noticia continúa en desarrollo, mientras el mundo observa el destino político y legal de uno de los gobiernos más controvertidos de la última década y las implicaciones geopolíticas de un ataque que ha reconfigurado el panorama de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.
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